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martes, 2 de marzo de 2010


La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”, nos dijo un día en algún lugar Marco Tulio Cicerón entre el 106 y el 43 antes de Cristo.  Este orador, escritor y político romano ya sabía entonces que la cosa estaba complicada y alguien, que lo escuchaba atentamente y sabía apuntar bien sobre el tema, nos trajo la frase hasta nuestros días. Desde aquellos tiempos hasta la fecha de hoy se han generado muchas citas sobre la verdad; “Con las verdades se pierden las amistades”,  “Cada uno dice la verdad que más le conviene”, “La única verdad no está en las palabras sino en los hechos”… en fin, miles y miles de frases relacionadas con la verdad se almacenan en los archivos de la historia y después de leer un centenar me pregunto, ¿hay alguien que a estas alturas de la civilización nos diga la verdad? ¿alguien vive en la verdad absoluta? ¿Podría por favor levantar el dedo para que lo conozca personalmente? Que me escriba por favor. Le invito a un Vichy….
Ayer estuve compartiendo parte de mi tarde con un político retirado ya de sus “quehaceres y sacrificios” que se puso en contacto conmigo a través de un amigo común y al que fui a visitar deseoso yo de saber verdades.  El anciano político me confesaba, sin autorizarme a grabar la conversación, que su gran desilusión al llegar al poder  fue comprobar que nada de lo que deseaba hacer era posible porque detrás del poder político estaba el económico y era ese el que verdaderamente gobernaba y decidía. ¡Caray!…  No me confirmó si era así aquí o en todas partes pero decía que la mayoría de decisiones que tuvo que tomar durante su carrera política en relación a los ciudadanos eran muy malas o malas para ellos y sus familias y siempre beneficiosas para los poderes económicos. Que en muy pocas ocasiones pudo decantarse por una decisión que fuera cuanto menos regular para el bien de las personas que creían y votaban a los partidos políticos…. ¡¡¡Caray 2!!!! Ahora, ya jubilado y cómodamente situado en un amplio chalet, reconocía haberse equivocado al entrar en política y dejar de ejercer su carrera universitaria. Me confirmaba con cierta tristeza tener serios remordimientos sobre la realidad actual que aumentaban a medida que se hacia mayor y perjudicaban incluso sus horas de sueño. Me dijo, que en política como en cualquier trabajo manda el que paga y el que paga no es el pueblo sino el poder económico que mueve los hilos de la sociedad según le conviene y  para eso tiene los medios necesarios bien establecidos y controlados en la sociedad, y con ese fin sigue generando sus beneficios haciendo creer a la sociedad correspondiente lo que considera más oportuno en cada momento. Añadió, ante mi boca abierta y mis ojos perdidos en el limbo, que cualquier gobierno del mundo, sea democrático o no, está supeditado al poder económico correspondiente y que este poder libra distintas batallas en todos los rincones del planeta. ¡¡¡¡Caray 3!!! Cuando le pregunté quien exactamente era el poder económico, sonriendo me contestó, y sólo eso, que “las grandes fortunas”.
Un político que yo sólo había visto por televisión cuando estudiaba para llegar a ser alguien de provecho y que, no sabría decir porqué, me estaba explicando a mí aquella película tan rara que podía ser verdad o mentira….  En las dos horas que duró el encuentro se soltó con mil detalles explicándome situaciones de la transición y de diferentes cargos políticos que prefiero guardar y olvidar no sea que me dé un patatús de locura y acabe peor de lo que ya empiezo a estar hoy por hoy aunque mi conclusión, una vez meditadas razonablemente sus palabras, es que ya entiendo mejor algunas cosas de la crisis; algunas cosas sobre el hambre en el mundo y la droga; algunas cosas sobre las guerras sin sentido; sobre asesinatos, suicidios o muertes confusas de personajes que ya son históricos… empiezo a comprender mejor el porqué de nuestra realidad e incluso el constante aumento de jovencitas prostituyéndose en las carreteras  sin que nadie lo remedie, etc, etc. Empiezo a entender que vivimos dentro de una gran mentira donde distintos sectores de la sociedad tienen sus cartas ya marcadas de antemano en una partida que el perjudicado siempre será aquel que no entra en ninguno de estos sectores y se mantiene al margen de lo que se debió establecer ya cuando Cicerón: el pueblo llano.
La gran mentira empieza en la primera letra que se escribió sobre la historia de la humanidad que ninguna revolución pudo jamás cambiar y que al día de hoy es ya imposible  ni intentarlo porque la realidad que hay en juego supera la ficción y además por mucho.
Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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